Sebastián Wainraich va de acá para allá, en una alocada agenda. Daniela Rossi se mete en ese vértigo diario, y le realiza una interesante entrevista para el diario digital Diagonales:

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-¿Por qué decidiste volver a la tele? 

-No es que yo reniegue de la televisión o que no me guste, pero me gusta hacer… lo que me gusta hacer. La posibilidad estuvo siempre latente. No es por una cuestión de divismo ni de estrella, pero para hacer un programa queremos hacer lo que nos gusta, si no, no tiene sentido. Esta propuesta estaba buena y por eso dijimos que sí.

-En el programa bromean con que no deberían haber aceptado. ¿En la vida real también?

-Sí, todo el tiempo. En la vida, de a ratos te decís esas cosas, pero en el balance yo estoy contento. Está bueno, me parece una buena experiencia, está bien que lo hagamos.

-Con Julieta llevan siete años juntos en Metro, antes estuvieron en X4. ¿Cómo se mantiene la química tanto tiempo?

-Es como un matrimonio, ¿viste? Hay un amor a la radio innegable, un amor al trabajo. Tenemos muy claro el objetivo y cada uno tiene muy claro su lugar. Eso, para arrancar es espectacular, tenemos criterios y gustos parecidos; estamos muy bien rodeados también. Y nos va bien, que no es un dato menor para estar motivados. Es natural. Tal vez algún día llegue, pero nunca nos sentamos a ver qué pasa, si seguimos o no. Va, seguimos, pero no porque la vida tiene que ir, sino porque nos gusta y funciona.

-Dijiste que es amor a la radio. ¿Ahí es donde te sentís con más comodidad? 

-Sí, yo en la radio me largo a hablar y sé que Julieta me va a seguir, hay una gimnasia. En la tele no está todo guionado pero te exige algo más armado.

-Todo tu universo está ligado al humor. ¿Te sentís divertido todo el día? 

-No, todo el día no. Todo es según de quién esté rodeado, qué esté haciendo. Tengo un mecanismo casi natural y espontáneo: todo lo que me pasa u observo es el germen de un guión, un monólogo, una idea. No es que digo: “tengo que laburar todo el día”. Sale.

-¿Y en tu casa cómo es? 

-Mi casa es un quilombo. Ayer llegué roto, pero roto. Me levanté temprano, llevé a la nena al jardín, grabé tele, después radio. Quería dormir diez años, pero tenía que dormir a la nena porque mi mujer se había ido a actuar. Está bueno, pero es un quilombo. No es para vivirlo todo el año así pero me gusta el ritmo.

-En “Wainraich y los frustrados” estás solo en el escenario por primera vez. ¿Cómo te sienta esa soledad? 

-Me gusta, me sienta bien. Me siento a escribir, a ver, busqué los personajes, ensayé, trabajé con el director. El año pasado hice pocas funciones de esta obra en un bar de San Telmo. Pero cuando manejaba para ir a la segunda función en el Maipo dije: “no voy a poder, no me la banco”. Te lo juro, me agarró una cosa medio fóbica. Después salió.

-A pesar de la experiencia, esos momentos críticos aparecen…

-Sí, siempre antes de salir al escenario estoy un poco nervioso. Un poquito. Es un público nuevo, todo nuevo. No es normal salir con peluca frente a tanta gente. En radio no me pasa, en la tele un poco de nervio puedo tener, una inquietud. En el teatro, salvo ese primer minuto, la paso bárbaro, como pez en el agua.

-Hacés reír pero se te ve serio. ¿Es tu manera de lograrlo? 

-Sí, puede ser. Me parece, además, que el tipo que divierte es el que la pasa mal, que tiene un problema. Es un tipo que está enojado, o preocupado, angustiado. Si vos ves un tipo feliz arriba del escenario… no sé, no va. Salvo que esté confundido con esa felicidad o piense que es otra cosa. Las grandes comedias en realidad si les cambiás el tono pueden ser una tragedia. Es un problema lo que uno está comunicando, lo que hace reír es un conflicto.

-¿Cuándo te diste cuenta que ibas a ser el tipo que hace divertir al resto? 

-No lo sé, era mi manera de comunicarme ya de adolescente. No de manera constante porque hubiera sido insoportable. Me parece que el humor es una manera de plantarse frente al mundo, de comunicarse, una manera de plantear las cosas, de preguntar. Es una forma de seguir siendo un niño y a mí es lo que me sienta más cómodo. O lo que me sale naturalmente.

-Este año llegaste a la ficción de TV como psicólogo en “Solamente vos”. ¿Hay algo que no puedas hacer? 

-Este año me ofrecieron hacer una obra de teatro que era un drama. Era un dramón, era un choclazo. Una muy buena adaptación de una novela pero no me veía haciéndola. Yo sabía que iba a hacer el unipersonal y prefería meterme en eso antes que hacer algo que no me gustaba. Todavía no me atrae.

-Empezaste de chico en la radio y aprendiste mientras trabajabas. Mirando para atrás, ¿te sirvió ese camino? 

-Para mí fue lo mejor. Trabajé en radios de barrio e hice todo. Y ahora que conduzco siento que hago un poco del resto también, sigo siendo todo lo que fui. Cuando trabajaba con Fernando Peña alternaba entre producción y aire. En tele era guionista de “Arde Troya”, con Matías Martin, y después fui notero. Es mi modo, mi formación. No significa que sea el único camino, pero a mí me parece que me hizo bien. Te forma todo: una carrera universitaria, un director de cine, un libro o conversaciones con tu psicólogo o amigo.

-¿Cómo te llevás con el reconocimiento?

-El otro día me sorprendí porque llegué al teatro y en el camarín había una carta de una señora que decía un montón de cosas. Las podés sospechar, pero no te das cuenta, como que pasó algunos momentos complicados en su vida y en la radio siempre la acompañamos. Nada, yo no me hago demasiado rollo con esas cosas. No soy muy fóbico, solo en algún lugar con mucha gente, sí. Como casi siempre es con buena onda, el reconocimiento es lindo.

-Pensando en esa compañía de la que te hablaba esa señora, ¿qué rol buscás ocupar cuando hacés radio? 

-Es muy difícil saberlo, porque la audiencia es enorme; es difícil saber qué significa para cada uno. Uno puede sospechar que a la hora del regreso te escucha gente que está en el bondi, el tren, en el auto volviendo de trabajar. Y es importante la compañía. Nos abrimos mucho y nos volvemos amigos del oyente. Nos metemos prácticamente en su vida y ellos se acuerdan más cosas del programa que nosotros mismos. Yo soñaba con esto, con este proyecto.

-¿Sos oyente fiel? 

-Sí, aunque ahora, como les pasa a muchos, la dejo para el auto. Salvo en algún momento especial que prefiero estar más concentrado y escucho música.

-Ése es el momento más crítico del día…

-Sí, aunque en estos días es más cuando tengo que juntar fuerzas para ir de un lado al otro. ¡Ya no sé qué tengo que hacer para arrancar!
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4.10.2013
 

Author: Stand Up Time!

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