Hoy leemos un muy interesante artículo de Kyle Dowling en la revista Psychology Tomorrow, que intenta explicar qué tienen los comediantes que los hace graciosos. Para aquellos que leen inglés, recomendamos la versión original. Para los que no, la tradujimos:

En el libro de Sigmund Freud de 1905 titulado “El chiste y su relación con lo inconsciente”, hay una cita que indica: “…los chistes no han recibido la consideración filosófica que merecen por el rol que juegan en nuestra vida mental.”

Ya pasó más de un siglo y esa cita sigue siendo válida, ya que día a día veo la felicidad que la comedia lleva a las masas, pero quienes la reciben prácticamente no se dan cuenta de cuán importante es el humor para la liberación mental, tanto del público como del artista.

Para aquellos que dedican su vida a hacer reír, el arte del humor no es sólo una apariencia o un capricho. Es un talento, un don — uno raro, de hecho. Puede ser también una experiencia profundamente sanadora para el cómico y para el público por igual.

El camino para ser comediante no es como el de un abogado, doctor o corredor de bolsa. De hecho, no hay una comparación posible. Se necesita ser una persona con una inmensa cantidad de recursos [y agallas] para lograr ser uno, alguien que entiende por completo que el arte de la comedia es una búsqueda que dura toda la vida, y en la que no hay garantías.

La mayoría de los comediantes comienzan sus carreras con un sentimiento que nos une a todos: la fascinación de un sueño. Muchos de nosotros hemos sentido la pasión de hacer algo con nuestras vidas, pero a medida que envejecemos, las presiones de la sociedad, las expectativas de nuestros padres o nuestros trabajos se interponen en ese deseo novelesco de intentar algo por fuera del camino prestablecido. Pero aquellos que eligen hacer stand up, toman una decisión mucho más diferente que la mayoría.

Convertirse en un comediante es una decisión de vida, una que elimina de cuajo a aquellos que se niegan a soportar durante años la palabra “fracaso”.

Como simplemente explica el comediante Marc Maron: “Honestamente, durante el primer año o un poco más — a menos que seas un genio — te irá espantosamente. Pero es la forma de descubrir cosas, como por ejemplo relacionarse con la gente.”

Hacer stand up y chocar contra la pared hasta encontrar una buena base, es realmente una hazaña increíble. Años de micrófonos abiertos, de presentar shows, de lidiar con personas molestas del público, de otros que hablan entre sí y de pagos míseros, dañan el estado emocional de los comediantes.

Aún así, sabiendo todo esto, aquellas almas valientes e inteligentes — algunas de las más inteligentes que conocí — siguen adelante con su carrera. Ese ese camino místico para estar en el escenario. Lo desean, lo necesitan. Algunos incluso llegan al punto de afirmar que lo deben hacer. “¿Qué otra cosa podría hacer?” preguntan.

Algunos desean ser famosos. Algunos anhelan ser el maestro de la multitud, poder conectarse, sanar. Están aquellos que sienten tener un poder para notar pequeñas idiosincrasias en nuestra cultura, cosas que las personas “normales” dejan pasar. Sienten que tienen ideas sobre lo que nos distingue, y que desde el escenario pueden hacer que otros — nosotros, la gente; nosotros, el público — también vean cuán sensacionalmente retorcida es nuestra sociedad.

Pero más frecuentemente, como muchas otras cosas en nuestras vidas, el deseo de hacer comedia viene de conflictos no resueltos en la infancia y la adolescencia, o de necesidades no satisfechas. Las lecciones y el conocimiento obtenido en la juventud está profundamente instaurado en sus impresionables cabezas.

Maron recuerda su infancia: “Siempre estaba contando chistes y tratando de hacer amigos, pero me sentía innatamente incómodo detrás de todo eso… Mis padres siempre se interesaron muy poco. Mi padre era muy errático. No había disciplina en la casa. No había atención emocional, creo. Estaban impulsados por un cierto grado de preocupación. Ellos eran (y son) incapaces de ser realmente padres… yo contaba sólo con mis herramientas para desenvolverme.

“He llegado a creer que mucho del primer material que hacía, en el que antagonizaba y desafiaba al público a quererme, era de alguna forma una extensión de lo que había vivido con mis padres. Era un viaje sólo mío. Todo lo que quería era tener un punto de vista, una filosofía sobre la vida, y un lugar donde mostrarla.”

Muchos comediantes parecen haber sido adolescentes tímidos, pero como adultos se ponen bajo las luces como una forma de desafiar al miedo. Aunque siguen siendo socialmente vergonzosos, son dioses sobre el escenario, maestros del universo.

Hablé con el comediante Jimmy Pardo, y dijo: “Es algo raro el stand up. Creo que tiene que ver con estar bajo nuestras reglas. Si voy a una fiesta con gente real, soy un desastre. No sé cómo hablarle a alguien o cómo mantener una conversación. Todos pensarán que soy un imbécil, probablemente. Pero sobre el escenario, puedo hablarle a extraños sin problemas. Es algo raro… pasé años queriendo atención y reconocimiento y no queriendo ser el peor y pasar desapercibido. Creo que todo cómico tiene esa inseguridad… y el stand up me deja hacerlo. Me tiene en el escenario. Los comediantes somos los marginados. Yo usé la comedia para no ser denigrado ni burlado, ya que soy más astuto que ellos usando palabras. Creo que la inseguridad juega un gran papel.”

Algunos comediantes son impulsados principalmente por el deseo de ser vistos y escuchados, lo que los separa de la atmósfera opresiva de su niñez y adolescencia o de la falta de atención recibida. Buscan expresar sus pensamientos libremente, u obtener la atención de cualquiera que esté dispuesto a aceptarlos.

“En retrospectiva, pienso que se trató de poder tener una voz propia,” explica Marc Maron, “de tener un público, y de tener mi propio espacio para poder decir lo que pienso en cualquier forma que lo desee.

“Hay algo acerca del stand up: eres sólo tu. Yo necesité al stand up como una forma de poder encarar cosas. Traté de tener un punto de vista en este mundo abrumador.”

Una vez que los cómicos suben al escenario, se encuentran siendo la persona que siempre quisieron ser — alguien sin miedo, el chico popular con amigos, el hermano a quien sus padres prestaban más atención. La experiencia de hacer comedia parece ser tan paliativa como la terapia.

“Atravesé una fase en la que estaba muy enojado en escena, pero creo que fue parte del proceso, ” explica Pardo. “no sólo el proceso de ser un mejor comediante, sino de ser una mejor persona. Sacar ese enojo de mí en el escenario, era algo como decir, todos ustedes van a pagar porque no entré en el equipo de básquet. No importa el hecho de que mida 1,50 metros, todos ustedes van a pagar porque no ingresé. Era algo que tenía que atravesar, y haciéndolo encontré a quien soy hoy.”

“Si tengo un mal día, ” dice Myq Kaplan, “puedo salir salir al escenario y ni siquiera mencionarlo, pero actuar creo que libera endorfinas. Hace que la adrenalina fluya. Me siento mejor luego de actuar.” La naturaleza eufórica que ofrece el stand up parece encajar bien en la mente de los cómicos. “El stand up es una manera de sanarse.” dice Pardo. “El stand up te deja ser quien realmente sos. Cuando estoy en el escenario durante una hora, no hay otra preocupación en el mundo. Es todo acerca del show. No piensas en otra cosa.” Maron dice simplemente que “Te sientes menos solo.”

Cuando se trata de cómo hacen los cómicos para hacernos reír, el material específico que eligen surge de los mismos deseos ocultos de resolver conflictos de la niñez y adolescencia, los mismos que los llevaron a actuar en primer lugar.

“Hay temas de los que he hablado durante toda mi carrera. Es una conversación que evoluciona a medida que envejezco y tengo más experiencia,” dice Maron. Cuando auto-menospreciarse es el foco de un comediante, suele ser un intento de mejorar su autoestima. El cómico le dice al mundo qué cree que está mal de él, una especie de defensa preventiva. Si se dice abiertamente, no hay nada de qué reírse. Con ese tipo de humor, el comediante tiene el control total de la sala e, idealmente, de sobre qué se ríe la gente.

“Para mí”, dice Kaplan, “no es acerca de lo que está mal de mí. Es acerca de la percepción que la gente podría tener de mí, sobre cómo me veo, qué parezco, cómo hablo, el tipo de cosas que digo de mí mismo. Si me río de mí, y tu estás riéndote de mí, estás riendo conmigo por definición.”

Y nosotros reímos porque estos temas tocan un acorde universal. Nos identificamos con el miedo, la confusión, o la ira que hay detrás del humor, ingresando en momentos de auto-conciencia en los que nuestras más verdaderas vulnerabilidades y secretos se transforman en palabras y se exponen.

“La risa puede venir de la verdad o de lo opuesto a la verdad.” dice Kaplan. Cuando un comediante cuenta algo con lo que podemos identificarnos, ya sea porque lo sentimos o porque “no lo sentimos y tenemos mucho miedo de identificarnos con ello,” según David Heti, algo dentro nuestro hace click inconscientemente y reímos.

Personalmente, la comedia entró a mi vida a través de mi madre. Su carrera de enfermera la llevó a trabajar hasta tarde, y volvía a casa alrededor de las 11:20 PM, justo a tiempo para ver el “Late Show con David Letterman”. Gracias a ella, a Dave e incluso a Paul Schaffer, entré en este mundo de total sobrecogimiento. Las formas y reacciones de Dave eran algo que, incluso a esa edad, me parecían increíblemente intrigantes. Aún me parecen. La pregunta de “quién estuvo en Saturday Night Live” era una que se hacía en mi casa todas las semanas, pero no era lo habitual en todas las casas. Extrañamente, recuerdo pensar “pobre gente”.

Mi obsesión con la comedia me acompañó durante todos mis estudios, sólo mejorando cuando me encontré siendo pasante de guión en Late Night con Conan O’Brien durante mi último año. Por seis meses, me sumergí en el mundo que amaba. Era stand up, impro y sketches sin parar. Era comedia.

Aprendí a través de esa experiencia que el hombre o la mujer que no huye de las luces, aquel o aquella que se para confiada e independientemente en el escenario, y que incesantemente suelta pensamiento tras pensamiento sin saber — y muchas veces sin importarle — cuál será la reacción del público, es un alma mucho más valiente que yo. Ver stand up me da una visión propia que sé que es real en mi cabeza, pero que no puedo reproducir en mi vida diaria. Los comediantes probablemente estén menos “jodidos” que cualquiera de nosotros, porque con enorme coraje y creatividad, enfrentan los problemas que los preocupan.

A través de su arte, los comediantes encontraron una manera interesante de sentirse completos, y al mismo tiempo, de darle generosamente al público una noche entretenida y una necesaria liberación de sus problemas.

La comedia es una de las grandes paradojas de la vida. Lo que hace bueno a un chiste es que instantáneamente nos lleva a lo más profundo de nuestra psiquis, y al mismo tiempo, nos permite liberar nuestras mentes.

 

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26.9.2012
 

Author: Stand Up Time!

Stand Up Time! es un magazine online sobre stand-up comedy, en español. ¡Este que estás leyendo! Además, producimos shows en teatros, y stand up para eventos.

Comentarios

  1. Diego Vignolo dice:

    QUE BUEN ARTÍCULO!!!!! Totalmente recomendable, no solo para quienes hacemos comedia, sino par que el público sepa un poco más sobre QUÉ es ser comediante. EXELENTE NOTA!!!
    Gracias!!
    Diego

  2. Gabriel Espíndola dice:

    Muy bueno!

  3. Ricado Bisignano dice:

    Buenísimo!!!! me siento sumamente identificado con varias partes del artículo, especialmente lo de la autoflagelación!

  4. jorge matarasso dice:

    identificado con partes del articulo… muy bueno..

  5. elJaviBongiorno dice:

    Me siento bastante identificado y lo he vivido en mi proceso de principiante en el Stand Up !!!!
    Al principio probaba con materiales rebuscados o chistes adaptados con mi impronta, pero para nada personales. Tenía noches buenas y muchas más malas, hasta que comencé a escribir más sobre mis miedos y cosas que me molestaban y que hasta hoy me siguen molestando y en el cual la gente se identifica conmigo, y es apartir de ahí que estoy teniendo MUCHAS más noches BUENAS que malas !!!
    Excelente el artículo y gracias !!!

  6. Carol Inturias dice:

    Excelente !! el artículo lo dice todo.. 🙂

  7. Claudia, Buenos Aires. dice:

    Muy revelador el artículo..
    Exquisito..

  8. Odioalsol dice:

    Me demoré como 2 hora en leer el artículo. Me distraía a cada rato. “Oh, Marc Maron, hace tiempo que no veo nada de él, iré a Youtube un rato”; o “¿Quién mierda es Myq Kaplan? *google*” y cosas así. Pero al final lo leí y quedé con la sensación de que el stand up me servirá para eliminar muchas trancas. Ojalá. Es lo que espero como retribución. Todavía no hago stand up pero llevo meses pensando que debería intentarlo. No porque tener hambre de fama o dinero (como mayor prioridad), sino porque, como bien dicen los comediantes citados, es una muy buena terapia. Y la necesito. ¡Buen artículo!

  9. Laura Andrea Gomez dice:

    Excelente me encanto!!! Yo recien empiezo y tomar clases de stand up fue una decision acertada… me integre a un grupo, ya estoy haciendo alguna que otra presentacion y esta mortal!!! da una adrenalina genial…

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