Por supuesto la opinión de “Tartu” tuvo su respuesta, en este caso a través de la nota que escribió Ezequiel Campa. Leemos:

MONÓLOGOS SIN ARTIFICIO, el desafío standapero

Por Ezequiel Campa. Actor. Trabajó en “Un año para recordar”, “Todos contra Juan”, “Lalola”, “Epitafios”. Integra el elenco de “Desmadre”, película dirigida por Jazmín Stuart y Juan Pablo Martínez que se estrena próximamente. En teatro, su último trabajo fue en “La Pecadora”, en el Teatro del Pueblo, dirigido por Lorenzo Quinteros. Actualmente protagoniza “Campa Pichot”, junto con Malena Pichot, show de stand up en Velma Café, viernes y sábados 00:30, Gorriti 5520. 

Es un lugar común para los que nunca vieron stand up creer que se trata simplemente de un nombre nuevo para lo que ya hicieron Tato Bores o Enrique Pinti. Es absurdo pensar que un grupo de gente se puso de acuerdo en redenominar algo que ya existía, con un fin perverso, como si detrás de esto se escondiera un negocio  millonario.

Lo cierto es que el stand up tiene una estructura muy específica de pie y remate constante, y un tono coloquial que no tienen los monólogos de estos íconos argentinos. El stand up no es un soliloquio, necesitamos la reacción del público, aquella que muchas veces habilita la improvisación.

Discúlpenme, pero Verdaguer, Norman Erlich y Landriscina, genios indiscutidos, hacían otra cosa: contaban chistes o cuentos; yo no hago eso, para nada. Si quieren, agregamos más diferencias: mientras que en el teatro de revista el monólogo es sólo una parte del show o una distracción mientras las coristas se cambian y la escenografía se renueva, en el stand up, el show es el monólogo y nada más, sin decorado, sin vestuario, sin coreografía, sin culos, sin tetas, sin artificio. Este despojo representa el desafío del standapero, todo está en su cuerpo.

El standapero, neologismo argentino, no habla desde un personaje, habla desde las vivencias de la persona real. Es un humor que nace de la observación cotidiana y no necesariamente de la sátira política, y mucho menos del comportamiento de los gallegos o de las travesuras de Jaimito.

Por supuesto que el stand up es un monólogo. Ahora, no seamos reduccionistas: hay muchas maneras de hacer monólogos y el stand up es una de ellas. ¿Por qué a ciertos dinosaurios les joderá tanto que usemos esta nomenclatura?

Pareciera que la molestia por el título stand up yace en un nacionalismo fascista que pretende que cualquier disciplina escénica descienda del Martín Fierro o de Pepino el 88. No nos olvidemos que estamos escribiendo en una revista que se llama “PlayBoy” y no “Juega Chico”, o que el rock no es precisamente el descendiente directo del pericón.En los ‘50, la llegada del  rock movilizó y ofendió a mucha gente que incluso argumentó que no era música sino ruido. Seguramente el stand up también se naturalice en unos años y entretenga a quienes hoy no lo comprenden, siempre y cuando el Alzheimer se los permita.

Si nos ponemos quisquillosos, hoy en día los géneros se vuelven difusos en todos los ámbitos, por ejemplo, se le suele llamar periodista de espectáculos a cualquier alcahuete chismoso especialista en Zaira Nara.

Mucha de la gente que hace o consume stand up tiene 30 o menos de 30. Esa generación no conoce a Verdaguer ni a Tato Bores, o los conoce sólo de nombre. Esa generación no tuvo un capocómico monologuista en la televisión de los ‘90. Nosotros crecimos con Los Simpsons y el canal Sony, por lo tanto, a la hora de elegir referentes, las opciones eran Seinfeld o… Dady Brieva. Si por elegir a Seinfeld soy un esnob pelotudo: mucho gusto, soy un esnob pelotudo.

Es imposible hacer stand up y pretender ser cool, dado que es el género teatral más denigrado y vapuleado del país, mientras que en el resto del mundo es sumamente prestigioso. Y después de todo, si realmente fuese considerado cool, no estaría escribiendo esta nota. En realidad, lo que está de moda es decir que el stand up está de moda.

Discúlpenme, pero Verdaguer, Erlich y Landriscina, genios indiscutidos, hacían otra cosa: contaban chistes o cuentos; yo no hago eso, para nada.

Los que viven del género exclusivamente en el país se cuentan con los dedos de una mano, literal. Por lo tanto, salir a defenestrar a este género no es de vivillo o provocador, provocar es más bien meterse con los poderosos.

Está la creencia de que cualquiera se puede subir a un escenario y hacer stand up, y sí, es cierto, cualquiera lo puede hacer, pero no cualquiera conseguirá risas y el respeto del público. Lo mismo pasa en la tele, no porque estés sentado en un panel tu opinión va a ser interesante y respetada. El desafío del standapero es ser eficaz tanto en la escritura del monólogo como en su interpretación; hay que ser muy bueno en las dos cosas para conseguir risas reales.

Quizá la no aceptación del género o la dificultad de que se propague, dada la absoluta ausencia de clubs de comedia en la ciudad, tenga que ver con que el humor del stand up está basado en la capacidad de reírse de uno mismo, algo que los porteños no estamos acostumbrados a hacer. Ojalá esta disciplina se tuviese más en cuenta en las entregas de premios locales, que se vuelven un yunque donde todo es solemnidad.

Comprendo que las generaciones pasadas se irriten con el cambio, lo desconocido, con un género nuevo en el país. Los invitamos al Velma a todos ellos, hay descuento para jubilados.

Fuente: Revista Playboy Argentina

23.9.2011
 

Author: Stand Up Time!

Stand Up Time! es un magazine online sobre stand-up comedy, en español. ¡Este que estás leyendo! Además, producimos shows en teatros, y stand up para eventos.

Comentarios

  1. Martín Rocco dice:

    Agregaría que para ver a un standapero hay que ir a un lugar y pagar, para ver a un panelista hay que clickear el control remoto. Y es gratis. En cuanto a lo extranjerizante, el teatro clásico, la ópera, el rock, todo eso fue importado. Es una cuestión de tiempo.

  2. Gus Mayor dice:

    Excelente respuesta de uno de los mejores comediantes de Stand Up en Argentina, para un ignorante pseudoperiodista.

    El Stand Up sigue estando en desarrollo como género, pero cada vez con más proyección y más comediantes (excelentes, buenos, regulares y malos) igual que en cualquier disciplina que quieran tomar como ejemplo.

    Es lógico que la frescura, lo cercano y lo cotidiano del género pareciera quitarle la preparación y profesionalidad y que la gente crea que se improvisa. Lo gracioso es que lograr esto, es todo un mérito del comediante, y en todo caso, la improvisación también es un género teatral.

    Que siga creciendo este género tan increible!!

  3. Fernando dice:

    Perfecto, simple y sencillo…gran Standapero Campa, siempre perfil bajo siendo uno de los mas grosos y mejores! Ojala que algun dia se contagie tu socia!

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