Por John Wenzel para Splitsider

El stand up moderno ha existido de una forma u otra desde el vodevil, pero es sólo desde fines de los 70 que los especiales de comedia ganaron fuerza como la coronación de un cómico exitoso. Afortunadamente, los inicios de los especiales de stand up fueron tan fértiles como el nacimiento del rock 25 años antes, con muchos de los más grandes de todos los tiempos desde el principio.

El material siempre es lo primero, por supuesto, pero tomando el especial como un documento en video de un acto perfeccionado, también es importante tener en cuenta los elementos visuales – la elaboración, edición y telón de fondo – y cómo realzan o no la calidad de los chistes.

Ya sea que haya sido lanzado en HBO o Netflix, escuchados o proyectado en cines, los especiales siguen siendo posiblemente la forma más accesible de stand up. Aquí están los mejores de los mejores.

20. Eddie Izzard, Dress to Kill

Ver el show del “hombre lesbiano” de Izzard en 1998 es tan importante como escucharlo, y en este especial aparece su camino con la cultura global, ya sea que esté comparando a “Scooby Doo” con Shakespeare o imitando el lenguaje corporal de los que cantan el Himno Nacional. Un tour de force de monólogos sólidos y profunda crítica cultural.

19. Mike Birbiglia, My Girlfriend’s Boyfriend

Mejorando su primer espectáculo Sleepwalk With Me, My Girlfriend’s Boyfriend cautiva con la perpetua voz narrativa de Birbiglia. Este especial de 2013 de Netflix pronto se convirtió en una película de ficción, pero no es tan dolorosamente divertido como el original.

18. Whoopi Goldberg, Direct From Broadway

Una colección de monólogos divertidos y mordaces, ayudado en gran medida por el director Mike Nichols, que enmarca a una experta Goldberg como alguien a quien no podemos quitarle los ojos de su talento.

17. Zach Galifianakis, Live at the Purple Onion

Animado y desquiciado, Galifianakis convierte el íntimo club de San Francisco The Purple Onion en una sesión de terapia que es por turnos catártica y por turnos confrontativa, pero siempre divertida a carcajadas. Su carrera como actor puede haber opacado el stand up poco después, pero su humor experimental aquí es infinitamente convincente. Incluso después de verlo varias veces, la estructura constantemente cambiante te deja pensando lo que Galifianakis va a hacer a continuación. Puntos extra para las entrevistas sin sentido entremezcladas con su “hermano” Seth.

16. Roseanne Barr, The Roseanne Barr Show

La comedia más innovadora es divertida cuando pone de relieve un punto de vista poco representado, y el de Barr habló por millones en este especial de 1987, que sigue siendo el mejor ejemplo de su material. Una maravilla de sarcasmo relajado que oficia como respuesta cabreada a la victimización quejumbrosa de una gran cantidad de material de comediantes hablando de sus familias.

15. Mitch Hedberg, Comedy Central Half Hour

https://www.youtube.com/watch?v=2R7n3vNcXW0

Es una tragedia que el primer especial de televisión importante de Hedberg fuera su último, pero este show de 2003, que incluye material de Mitch All Together, sin embargo, sigue siendo evidencia convincente para El Culto a Hedberg, que sigue (con razón) adorándolo por su frescura y mente divertida. Pocos cómicos, excepto por Carlin y sus acólitos, diseccionan y dilucidan lo absurdo del lenguaje tan brillantemente como Hedberg.

14. Maria Bamford, The Special Special Special!

Otro argumento de por qué Netflix ha suplantado a HBO, este especial de 2012 pone de relieve la maleable voz de Bamford y su cerebro fascinante y problemático, con un show grabado en su sala de estar, con sus padres como único público. Esto funciona sorprendentemente bien, mientras ella desmenuza materiales que abrazan la depresión, la comida extraña, e (implícitamente) nuestro mundo esquizofrénico.

13. Janeane Garofalo, HBO Comedy Half Hour

Esta especial relativamente modesto de 1995 atrapa a Garofalo en el momento perfecto: ya era conocida gracias a The Ben Stiller Show y Reality Bites, pero su stand up aún tenía que transformarse en ese material de obsesión consigo misma que alimentó a sus críticos. Junto con Mr. Show y un puñado de otros, el sarcasmo inexpresivo de Garofalo definió la comedia alternativa antes de que muchas personas supieran lo que era.

12. Bill Hicks, Revelations

Como uno de los cómiocs más técnicamente deslumbrantes de su época, el maravilloso ritmo y tono de Hicks siempre trabajaron en conjunto con su material, que estaba muy por delante de su tiempo. Como un filósofo decepcionado pero encendido, Hicks utiliza este especial de 1993 grabado en Londres para opinar sobre toda clase de injusticias y duras verdades, desde los males de la guerra y la propaganda, hasta sus famosos bits de religión y drogas psicodélicas.

11. Steven Wright, A Steven Wright Special

Antes de Tig Notaro, Todd Barry, Demetri Martin, o Mitch Hedberg, Steven Wright ya tiraba raros, desquiciadamente inteligentes (o, a menudo, solo desquiciados) one liners, que se apoyaban tanto en su contenido como en su única y monótona forma de decirlos. Que este especial de una hora de HBO de 1985 (su primero) siga siendo tan consistentemente gracioso es testimonio de la durabilidad de sus ideas y el hecho de que nadie, en ninguna época, ha igualado su estilo. Como Mark Twain o Kurt Vonnegut, Jr., la economía de los materiales de este comediante criado en Boston es asombrosa. Ningún otro comediante puede hacer que esa forma “seca” se siente tan espiritualmente nutritiva.

10. Paula Poundstone, Cats, Cops and Stuff

Ella puede haber tenido sólo 31 en el momento de la grabación, pero en este especial de HBO de 1990, Poundstone se muestra imposiblemente sabia en la materia de discutir de manera casual gatos, la rara puerta de Daryl Hannah, los fans del pop, Texas, e incluso la rara moda de un miembro del público al azar.

Pocos cómicos pueden leer y responder a la energía en una sala tan expertamente como Poundstone, y este espectáculo, grabado en San Francisco, demuestra que ha sido dueña de ella durante décadas. Cualquiera que busque un manual sobre el como manejar al público debe grabarse este show en la memoria.

9. Bill Cosby, Himself

Ningún cómico ha hecho un sinfín de absurdos de la paternidad tan atractivos y fáciles de identificarse como Cosby, por lo que es sorprendente que este Himself de 1983 sea esencialmente una vista preliminar de lo que estaba por venir en The Cosby Show. Este show de sit-down stand up (rara vez sale de su asiento en las casi dos horas) es el ejemplo ideal de la pregonada capacidad de Cosby para descubrir verdades hilarantes en indignidades diarias.

A destacar, también, era que Cosby representaba en el momento la explosión de un nuevo estilo más duro de standup – uno al que ayudó involuntariamente. En ese entonces, como ahora, la ausencia de humor de actualidad y vulgar da un catálogo perfecto del diálogo interior de Cosby, un giro apacible de un orador principal y humorista que probablemente sea tan resistente hace 50 años como hoy.

8. Dave Chapelle, Killin’ Them Softly

¿Qué pasa con la grabación de especiales de comedia en Washington DC? Al igual que el hardcore punk, los mejores cómicos lo han utilizado para manifestarse en contra de las desigualdades – en este caso, raciales y culturales – mientras se ve la fricción resultante y chispas de incendios aún más profundos. Killin’ Them Softly contiene el mejor de material pre-serie de televisión de Chappelle, con una voz relajada pero madura, en el que va desde pequeños papeles en películas a un gigante de pleno derecho de la comedia.

Al igual que Pryor y Murphy antes que él, las ideas de Chappelle sobre la raza se han incrustado desde entonces en la conciencia nacional, haciendo que brille una luz sobre la dinámica subyacente de la opresión y las formas dolorosamente hilarantes (pero en su mayoría sólo dolorosas) en que es expresadas. Grabado en el Teatro Lincoln de DC en 2000,

7. Robin Williams, An Evening with Robin Williams

Los espectáculos de Williams, a cualquier edad, fueron shows de lógica saltarina cual pinball, e imitaciones sin aliento. Pero cuando un buen material se encontró con la energía aparentemente inagotable de Williams, el resultado fue algo trascendente.

Este especial de HBO de 1982, registrado en el Great American Music Hall de San Francisco, reniega de su tiempo – ver los pantalones de color negro brillante y el material sobre Reagan – pero también se eleva por encima de el con la habilidad de Williams para el trabajar con el público e improvisar. Como muchos críticos señalaron luego de su reciente suicidio, los huracanados y casi no controlados shows de Williams a menudo mostraron su brillo cuando sólo tenía las limitaciones creativas adecuadas. An Evening with es sólo eso: una clase magistral en comedia política, estudios de personajes, y profanos y tontos vuelos de fantasía con lo mejor de su íntima puesta en escena.

6. Louis CK, Shameless

El cómico más visible del momento estableció el terreno para su ascenso con una serie de especiales sólidos como una roca, incluyendo Shameless de 2006. CK mismo podría ser el primero en burlarse de su no-tan-sólida presencia en el escenario, pero aquí sus expresiones maleables y su sorprendente rendimiento físico hacen de su misantropía rampante algo todavía más atractivo.

Dada su mezcla de material extravagante (piensen en barriles de vaginas de pato y árboles de SIDA) y golpes culturales, Shameless lleva el sello engañoso de una conversación de forma libre. Pero teniendo en cuenta que CK es inigualable en tomar tontas y rabiosas ideas y llevarlas a sus (i)lógicas conclusiones, hacer cola en la oficina de correos se convierte en una fantasía, y un matrimonio pronto a terminarse, la plataforma para hablar sobre una variedad de disfunciones sexuales. Vergonzosa, salvaje, y brillante de principio a fin.

5. Eddie Murphy, Delirious

Sobre la base del material innovador, malas palabras, y la etapa de innovadores del stand up de la década anterior, Murphy llevó el especial de comedia a nuevas alturas en 1983 con una generosa ayuda de su carisma de estrella de rock.

Hay poca o ninguna neurosis en Delirious, un título que refleja con precisión el ego que tenía por entonces Murphy, de 22 años de edad, así como su aspecto físico atractivo. Grabado en el Constitution Hall de Washington DC y transmitido por HBO, Delirious no es el mejor ejemplo de la comedia de pie, o incluso un ejemplo particularmente favorecedor de la mentalidad cultural de principios de los 80. Los bits no irónicos sobre “maricones” y, en general, la homofobia reinante, han envejecido terriblemente.

Pero cuando Murphy es bueno – como cuando describe a su padre borracho, o vuelve a representar la alegría incontrolable que los niños sienten cuando ven un camión de helados – golpea como una línea de alta tensión, con intimidante energía. A pesar de la disonancia entre la calidad del material y la calidad de la actuación, Delirious resulta de visión obligada para los aficionados al stand up que se preguntan dónde se originaron el tono, el ritmo y estilo de actuación visceral de muchos de los mejores cómicos de hoy en día.

4. Steve Martin, A Wild and Crazy Guy

El especial de la NBC de 1978 de Martin, que incluyó no sólo los bits de su set, sino sketches con invitados famosos como Johnny Cash y George Burns, es excepcional en toda una serie de niveles. Es un ejemplo de la clase de humor que se las arregla para ser surrealista e innovador. También es una excepción a la idea de que los cómicos deben construir continuamente su material hasta su mejor trabajo con complicados tumultos personales de la vida.

La fama de Martin en el momento sin duda le dio una buena cantidad de control creativo pero que, no obstante, socava una variedad de clichés y expectativas de la comedia en vivo en este curioso especial. Es casi imposible encontrar esto, a excepción de alguna vieja copia en VHS, pero el box set The Television Stuff en DVD de 2012 lo tiene: los sketches, más el ejemplar set del Universal Amphitheatre donde se realizó el stand up.

Incluso los aparentemente leves momentos de A Wild and Crazy Guy – como el simulacro de enojo de Martin con el público por malinterpretar su uso de la palabra “concha” (después de una larga parte actuada sobre sexo y citas) – continuarán resonando. Es tan encantador como la carrera de comediante en general de Martin fue igual de influyente y corta.

3. George Carlin, Carlin at Carnegie

La naturaleza prolífica de Carlin hace que sea casi imposible elegir un trabajo que lo defina. Su actuación en el USC de 1977 crepita con electricidad juvenil tanto como en 1992 su (relativamente) maduro especial de HBO Jammin’ in New York muestra su crecimiento, agresividad y dominio del escenario. Pero cuando se trata del clásico Carlin, este especial de HBO de 1983 es una mezcla perfecta de sus feroces críticas sociales e ingenio casual y devastador.

Vestido como un extra de Plaza Sésamo en un escenario cubierto con una alfombra gigante y una pila de sillas de madera, Carlin deja al descubierto el artificio y las contradicciones de la “Cómoda América”. Sus imitaciones con extremidades sueltas, ojos saltones y acento neoyorkino venden desde la psicología del animal doméstico y el aborto hasta una versión actualizada de “malas palabras”. El conjunto hace que parezca una conferencia académica fantaseada por intelectuales tontos y drogados.

Al igual que muchos otros momentos decisivos en la carrera artística, es un retorno de Carlin después de un momento dificultoso – en este caso, alejándose de la gira constante a fines de los 70 y recuperándose de una serie de ataques al corazón. Carnegie también oficia como un reel de una hora (sin ediciones discordantes), presentando una versión ajustada del material del noveno álbum de Carlin, A Place For My Stuff, mientras trabaja en un mayor éxito o dos. Afortunadamente, la legendaria capacidad de este hombre para encontrar verdades filosóficas mediante la disección (por ejemplo, los hábitos de los comedores quisquillosos) nunca ha sido más fuerte.

2. Chris Rock, Bring the Pain

Al igual que Dylan en el Festival Folk de Newport, el (por entonces) Rock de 31 años de edad hace añicos las expectativas, mientras que reinventa su personaje en Bring the Pain, un ejemplo de lo que sucede cuando un actor de medio pelo descarta y rechaza todo lo necesario para centrarse en escribir material que le interesa realizar.

Filmado en Washington DC en el Takoma Theatre, Bring the Pain es el resultado de dos años de enfocarse cual laser tras la decepcionante Big Ass Jokes de 1994, que a su vez siguió a la desilusión de Rock de Saturday Night Live y otros proyectos de TV y cine. Al comienzo de la hora, Rock se pavonea de su vestidor a un escenario con sus iniciales gigantes, todo vestida de negro, con una sonrisa.

Él no pierde el tiempo en devastar la idiotez y la hipocresía, desde temas de actualidad como el alcalde del DC Marion Berry, a las citas y el matrimonio. El ya clásico (y aún potente) “Negros contra personas negras” (“Niggas vs. Black People”) salta de las sombras de Richard Pryor y Eddie Murphy subvirtiendo y explotando hipótesis sobre las que muchos cómicos menores continúan basando sus materiales.

Es fácil ver las huellas dactilares de Rock en un gran número de artistas actualmente activos, desde Dave Chappelle a Aziz Ansari, pero lo que distingue a Bring the Pain es su implacable determinación de presentar ideas que no sólo son incómodas y brutalmente hilarantes, sino que resultan tan emocionantes para su creador como para el público.

1. Richard Pryor, Live on the Sunset Strip

En el momento del lanzamiento de Live on the Sunset Strip‘s en 1982, Richard Pryor, de 42 años de edad, no era más que un cómico veterano, que ya había sufrido suficiente confusión personal y profesional (incluyendo una infancia triste, múltiples divorcios, adicciones, peleas con los censores de la NBC, y un incendio devastador, sumado a las drogas que casi lo matan) para borrar un artista menor. Pero así como la historia informa y profundiza a Live on the Sunset Strip, nunca lo domina.

El genio de Pryor se basa, en parte, en su capacidad de cambiar los estados de ánimo de forma invisible. Filmado ante una multitud que lo adora en el Hollywood Palladium, el especial comienza lento y sin pretensiones, mientras Pryor recupera su confianza después de un par de años fuera del centro de atención. Pero cuando comienza a entrar en calor – ya sea un poco por la parte improvisada de su personaje Mudbone, o explorando temas como sexo, raza, o su viaje a África que le cambió – se desarrolla un impulso imparable. El crédito también se le debe al director Joe Layton, un veterano de Broadway y de TV que presenta una mezcla natural de planos cerrados, medianos y generales para retratar la solidez de su material y su (en este punto, más medida) presencia en el escenario de una sutil manera narrativa. Ayuda también que el traje rojo fuego de Pryor prácticamente explota contra el telón negro, convirtiendo todos los ángulos en una imagen icónica.

En el escenario, Pryor es como un flaco y nervioso Jimi Hendrix, en las que sus gags físicos sin esfuerzo (ver sus imitaciones de animales) y su destreza empapan el material. Es notable cómo Sunset se mantiene fresco y divertido: es subido de tono, pero lleno de subtexto, brutalmente honesto y personal, pero también reflexivo, con conciencia social, y provocador. Y si hay algo que apenas se acerque a un cliché en este delgado especial de 82 minutos, es porque la retrospectiva oculta el hecho de que Pryor estaba estableciendo el estándar en tiempo real.

10.5.2016
 

Author: Stand Up Time!

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