Cuando decidí dejar la carrera de Filosofía para aprender el oficio de comediante muchos me dijeron que era un cambio de lo más extraño. La filosofía y la comedia no tenían mucho que ver, según ellos, y muchos implicaban en sus comentarios que de alguna manera me dedicaba ahora a una disciplina de menor categoría intelectual. Después de todo, la filosofía es el estudio de los saberes más profundos e importantes, mientras que hacer reír es un trabajo de bufón. Cualquiera puede hacer un chiste o alguna monería, pero leer y comentar Ser y Tiempo es realmente una hazaña digna. Yo no pienso de esta manera. De hecho, cuanto más lo analizo más similitudes encuentro entre la filosofía y la comedia stand up. Y no se trata de similitudes superficiales, sino básicas y fundamentales; hasta el punto de convencerme que ambas son caras de una misma moneda.

Uno podría pensar (y no estaría tan errado) que la filosofía se trata, fundamentalmente, de un compromiso con el conocimiento. Sin embargo, si uno escarba un poco más en el origen y en la verdadera práctica de la filosofía, podríamos hablar de un compromiso con la pregunta. Este es el punto de contacto más importante con la comedia stand up.

En uno de los tantos y graciosísimos capítulos de la serie Seinfeld, a Elaine le preguntan por su amigo Jerry, el comediante, y ella responde definiéndolo como “el tipo que se pregunta qué onda con esto o alguna vez se fijaron en aquello”. Llama la atención como esta inocente definición de comediante es tan similar a la definición del filósofo. Tanto el primero como el segundo podrían definirse como “aquel que se pregunta”. Se podría argumentar que todas las disciplinas intelectuales y todos los oficios se hacen una pregunta, desde cómo se multiplican las bacterias hasta como se construye una autopista; pero todas estas disciplinas y estos oficios se centran en encontrar la respuesta. El stand up y la filosofía, sin embargo, tienen a la pregunta como su centro vital, y su labor es preguntarse acerca de lo fundamental. Hacerse la pregunta que todas las demás disciplinas pasan por alto. ¿Por qué hablamos como hablamos? ¿Por qué esto o aquello nos hace feliz? Creemos que sabemos aquello, pero ¿realmente lo sabemos? Tanto la comedia stand up como la filosofía deben, por definición, rechazar lo dado y preguntarse acerca de los conceptos y la prácticas más básicas y cotidianas. Y ninguna de las dos ofrece respuestas definitivas a estas preguntas, sino que intentan enriquecer la exploración de estos no-saberes desde la postulación de miradas distintas y bien fundadas en la experiencia, la razón o la fe.

[quote_box_right] En uno de los tantos y graciosísimos capítulos de la serie Seinfeld, a Elaine le preguntan por su amigo Jerry, el comediante, y ella responde definiéndolo como “el tipo que se pregunta qué onda con esto o alguna vez se fijaron en aquello”. Llama la atención como esta inocente definición de comediante es tan similar a la definición del filósofo.[/quote_box_right]No todos reaccionaban de esta manera cuando comentaba mi repentino cambio de vocación. Muchos me dijeron que les parecía muy divertido, y que podía utilizar todo lo que había aprendido estudiando filosofía en mi rutina de stand up. Nada más original que un filósofo comediante, ¿no?

A mí también me atraía la idea de introducir conceptos filosóficos a mi rutina de stand up. Bill Bailey, un comediante británico muy genial tiene un chiste graciosísimo que dice más o menos así: “Empirismo relajado: sólo creo en cosas que me cuentan personas que conozco bien.” Siempre me gustó ese chiste, y la idea de hacer ese tipo de humor. Pero también tuve la sensación de que un chiste que incluyera un término como “empirismo” nunca podría funcionar del todo en mi país natal. Me parecía demasiado jugado. Entonces me frustré mucho, porque pensé que jamás iba a poder hacer “humor filosófico”. Claro que no es así. El humor casi siempre es filosófico, y no tiene nada que ver con introducir conceptos elevados o complejos. Conozco grandes filósofos comediantes que no tuvieron que valerse de ese recurso (Carlin, Hicks, Bruce entre otros) sino hacer comedia como se hace filosofía: haciendo buenas preguntas. Está muy bien hacer un chiste de pedos de cuando en cuando, nadie dice que no. Pero el humor filosófico, y en definitiva el humor que perdura y que enriquece tiene poco que ver con pedos y aún menos con palabras rimbombantes. Tiene que ver con romper preconceptos, correrse de lo cotidiano y animarse a admitir que no se sabe. ¿Por qué creemos que el hombre es de tal manera y la mujer de otra? ¿Por qué existe el dinero? ¿Qué es la felicidad? ¿Existe el amor o solo buscamos sexo? Si formulás este tipo de peguntas y sos capaz de encararlas con una opinión personal pero pensada, imaginativa pero bien fundamentada y, en definitiva, original, entonces tenés madera de filósofo. Y definitivamente serías un excelente comediante.

6.5.2014
 

Author: Adolfo Tamini

Oriundo de Buenos Aires, estudió stand up con Verónica Lorca. Hizo el profesorado de filosofía y lo dejó para dedicarse a la comedia. Actualmente vive en Villa Crespo y se presenta en el Paseo la Plaza.

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