Dentro del universo humorístico, el stand up se ganó por derecho propio un rol muy importante, pero no el único ni el más destacado.

Dicho género, por su ajustado estilo, reglas y restricciones estéticas, asume un techo creativo que cuesta superar sin forzar o traicionar.

Si tomamos como referentes exclusivos de lo cómico a monologuistas, noveles o consagrados, estaremos cegándonos a un mundo de recursos, ideas y planteos que escapan al encuadre de un comediante de pie.

Contrariamente, si nos proponemos investigar otros formatos existentes que a lo largo de la historia sirvieron para plasmar el pensamiento humorístico, encontraremos seguramente una fuente de inspiración muy rica para que nuestro material de stand up despegue.

El quiebre o cambio de sentido y la síntesis

Sin apartarnos del reino de la palabra, podemos comenzar fijando nuestra atención en Groucho Marx quien a lo largo de sus libros, apariciones públicas y películas nos deja frases donde el engaño perpetrado gracias a premisas falsas, la sorpresa y posterior confusión, y finalmente la revelación de que caímos en una trampa, constituyen la esencia y estructura misma de su irónico humor.

  • “A mi mujer hace semanas que no le hablo. No quiero interrumpirla.”
  • “He pasado una velada maravillosa. No fue esta.”
  • “Estos son mis principios…si no le gustan, tengo otros.”

Todo un brillante esquema creativo resuelto en apenas una sola frase, con la disciplina de un redactor de titulares de diario, yendo al punto del mensaje, sin distracciones, adornos, o información adicional.

[quote_box_right](…) la premisa de esposo y esposa sentados frente a frente en un restaurant sin nada que decirse es una imagen común en varios monologuistas. Lo que finalmente rompe con lo previsible y le da una nueva dimensión a la situación es que el mozo les ofrece una carta con “Temas de conversación” en vez de comida.[/quote_box_right]

El humor por exceso de lógica se puede sumar también a su legado:
– ¡General, el enemigo nos ataca!
– ¡Caven trincheras, entonces! De un metro, así nuestros soldados no tendrán que usar pantalones. Es más, cávenlas de dos metros, así no tendremos que usar soldados.

El contraste entre lo sublime y lo trivial

La órbita dialéctica de Groucho es transitada asimismo por Woody Allen, quién en sus obras primarias se manifiesta como un maestro en contraponer grandes cuestiones espirituales, filosóficas y sociales, con pequeñeces cotidianas casi miserables que derivan en absurdos geniales.

En “Take the money and run” (1969) , por ejemplo, se presenta como una mente criminal que planea el mayor robo de su vida y para concretarlo decide exponerle a sus secuaces las filmaciones secretas del banco a ser asaltado. Pero antes… los obliga a ver un innecesario documental sobre la pesca de truchas en Quebec, como corto de relleno al programa principal.

El fuera de contexto

La relación de pareja es seguramente uno de los tópicos más recurrentes en la historia del stand up. El tedio de los cónyuges a lo largo de décadas de convivencia es dentro del tema, un subtema también trillado. Incluso la premisa de esposo y esposa sentados frente a frente en un restaurant sin nada que decirse es una imagen común en varios monologuistas. Lo que finalmente rompe con lo previsible y le da una nueva dimensión a la situación es que el mozo les ofrece una carta con “Temas de conversación” en vez de comida.

Ese brutal corrimiento de la realidad, en un primer instante shockeante, pero que indudablemente causa más gracia que extrañeza, es mérito de los “Monty Python”, quienes en la escena citada “Monty Python’s Meaning of Life” (1983) como en el resto de su filmografía y programas de televisión, se encargan de hacer tambalear el tinglado de toda convención cultural, social, moral, política y filosófica.

Un pueblo habitado solo por “Supermanes” en el cual su héroe es un hombre simple que arregla bicicletas, un hospital para actores que sobreactúan, repleto de “Hamlets” y “Reyes Leares” internados, un concurso de velocidad para reseñar lo más rápido posible una obra literaria inabarcable como es “En busca del tiempo perdido” de Proust, una clase de idioma italiano dictada por un profesor inglés, pero para italianos y un partido de fútbol entre antiguos filósofos griegos y alemanes donde nadie toca la pelota, ya que todos se pasean por el campo de juego solo meditando, son unos cuantos ejemplos de cómo este increíble colectivo de comediantes trabaja la forma por sobre el contenido (y es obvio aclarar que sus ideas rebosan profundidad en los contenidos).

Un par de décadas antes que “Los Pythons”, encontramos mecanismos de sustitución y desplazamiento similares dentro de lo que los críticos de la época apodaron “El teatro del absurdo”. Una extraña epidemia que provoca que todos en un pueblo se transformen en rinocerontes (“Rinocéros”, Eugene Ionesco, 1959) o una pareja de ancianos, padres del protagonista, viviendo dentro de sendos tachos de basura (“Fin de partie”, Samuel Beckett, 1957) son apenas solo dos fuertes imágenes que seguramente afectaron positivamente al grupo inglés.

La ruptura de la cuarta pared o el blanqueamiento de la farsa

La brutal revelación de una ficción es también generadora de humor. El comediante de stand up sabe muy bien que su arte carece de cuarta pared o línea divisoria entre su personalidad escénica y el público. ¿Pero qué pasa cuando incluso esa misma “verdad recreada” o “verdad montada” estalla y el espectador tiene un encontronazo con la mismísima nada?

Dicha jugada riesgosa se puede apreciar en la filmografía de Jerry Lewis (solo cuando coincidentemente dirige, escribe, actúa y produce) o en la “Nouvelle vague” Francesa, especialmente los films de Jean-Luc Godard, o en las películas paródicas de Mel Brooks, o incluso en el cine experimental y enormemente desmitificador del artista plástico Andy Warhol, o en “La vanguardia de las vanguardias” del siglo XX: el Dadaísmo.

Algunos ejemplos concretos para ilustrar lo reseñado:

  • El personaje principal se cae de una terraza en los últimos minutos de metraje, dejando a la protagonista desconsolada, para acto seguido reaparecer caminando tranquilamente por el “cielo” y explicar que tal accidente nunca existió, ya que ambos están en un decorado de Hollywood (“The Patsy” Jerry Lewis 1964).
  • Entre dos planos disímiles de una misma secuencia aparece intercalado un rótulo con la frase: “Salto de eje” (“Week end” Jean-Luc Godard 1968).
  • Un mingitorio firmado y expuesto por su autor en el museo de New York (Marcel Duchamp 1917).

Los modelos humorísticos, como vemos, son múltiples y variados. Y la lista no termina acá. Es auspicioso pensar que en esta época de cómodo acceso, gracias a la web, a un vastísimo material histórico, ya sea escrito o filmado, basta con tener un mínimo espíritu de curiosidad para dejarse influenciar por todas las oleadas de talentos cómicos que nos precedieron.

22.7.2014
 

Author: Hugo Fili

Humorista. Comediante de stand up. Guionista de TV (“Bendita”, “Tino y Gargamuza”). Profesor de escritura humorística para stand up.

Stand Up Delivery