Interesante nota a Malena Pichot y Ezequiel Campa de Agustín Marangoni para el magazine digital marplatense 0223. Leela:

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Ella lo acusa de ser demasiado solemne, él se hace el que no la escucha y se acomoda la remera de los Talking Heads (talle XXL); ella tiene razón él puede parecer solemne en las entrevistas, arriba del escenario habla con total soltura sobre cómo se le duermen las piernas cuando pasa demasiado tiempo leyendo en el inodoro, entre otras. La solemnidad lo sorprende cuando intenta explicar cómo hace lo que hace, estándap; ella en cambio no lo analiza, dice que es un personaje de ella misma y no se preocupa demasiado. Son dos y se combinan bien sin combinarse, sus shows son dos monólogos separados –bien separados– que van juntos y revientan teatros. Mientras charlamos festejan las ocurrencias chocándose las manos, se sonríen, queda claro que se entienden y que intentan decir lo menos posible, síntesis; a decir verdad, Malena Pichot es la que dice poco, piensa, se desdice y vuelve a empezar, Ezequiel Campa es más generoso.

Mediodía, lo primero que comentan es que tienen hambre y yo con unas quince o veinte preguntas anotadas en un papel, ay, ellos miran de reojo el cuestionario y no dicen nada, parece que va a ser la entrevista más aburrida del mundo, y sí: hay pocas cosas más aburridas que un periodista preguntándole a un humorista acerca de cómo diseña su humor, siempre es mejor no decir nada y que las cosas sucedan.

– Parecería que en el humor todos los temas están agotados. ¿Se puede decir que el contenido está en la forma?

– Malena Pichot: Las dos cosas pueden estar agotadas. Todo está dicho en realidad, puede ser que sea cuestión de forma. El estilo de cada uno empieza cuando uno determina que hay temas que no hay que hablarlos. Para mí hablar mal de la suegra, por ejemplo, ya fue.

– Ezequiel Campa: Tal vez lo que sucede es que el estándap es un estilo más o menos nuevo, hay comediantes que arrastran un estilo viejo y lo traen al estándap, por ejemplo ese estilo de la suegra y los problemas con la mujer que te rompe las bolas. Nosotros nos reímos de eso porque no es lo que nos causa gracia, ni nos interesa. Además, siempre está presente la cuestión ideológica de lo que se está diciendo.

– ¿Todo humor es político? Por ejemplo hablar bien o mal de la mujer desde el humor, hoy, es delicado.

– MP: Yo tengo bastante intención de bajada de línea. Me gustaría tener más chistes huevones, porque son muy buenos.

– Hacés chistes con las parejas que se tiran pedos…

– MP: Eso, ponele, aunque ahora encontré una forma de ponerle política al pedo, digo que la constipación femenina es cultural. Pero en general sí, el humor es político.

– EC: Puede ser que el humor siempre tenga ideología.

Malena apoya la cara sobre sus dos manos y mira el mar a través de la ventana del hotel. Ahora sí, definitivamente la entrevista es un embole. Le pregunto. Se ríe abiertamente y dice: “Para nada. Me da vergüenza la solemnidad en mí y en todo el mundo”. Otra vez eso. Cambio de tema.

– ¿Cómo regulan la ironía en sus monólogos? A veces ser demasiado irónico espanta a determinado público.

– EC: La verdad es que no escribo pensando para el público. No es que estoy en mi casa y pienso que con esto se van a reír veinte y con esto otro ciento setenta. Porque sino el estándap es una mierda.

– MP: También hay algo bastante práctico: cuando el público no se ríe con algo lo dejás de hacer. No importa más nada.

– O sea, el último tester es el público.

– MP: Y sí, yo tenía chistes recontra irónicos y sutiles pero el público no se reía. Los hice muchísimo tiempo, hasta que tuve que aceptar la realidad de que no eran graciosos.

– ¿Estar a obligado a ser gracioso conspira contra la posibilidad real de ser gracioso?

– MP: Yo en la vida real no soy graciosa. Preguntale a Campa. Soy un asco, bah, no sé si un asco, pero no siento que llego yo y la gente se ríe.

– Sin embargo el público es bastante obsecuente con ustedes. Hay cosas que dicen en el show que no son graciosas, por ejemplo cuando saludan, y sin embargo el público se ríe.

– EC: Me parece que el público filtra lo que quiere, incorpora todo, lo que escribimos en twitter, lo que decimos en tele. Por ejemplo, creen que a vos te chupa todo un huevo porque escribís determinados chistes.

– MP: A mí me pasa que la gente me ve y empieza a putear, como si ese fuera el código. Y yo mmmmmmm… (cara de risita de compromiso). Es raro.

– EC: El otro día leí un tuit de Sarah Silverman…

– MP: Nuestra ídola…

– EC: Ella habla mucho sobre temas escatológicos y tuvo que pedir que le dejaran de mandar fotos de soretes. Ella decía que hace chistes sobre el tema pero que no le interesaba ver esas fotos.

– MP: Me parece que eso de la obsecuencia se da más en teatros grandes y fuera de Capital Federal. La gente está más festiva y propensa a reírse. Tal vez porque venimos de lejos y estuvieron esperando el show. Qué sé yo, tal vez están más predispuestos. La persona que te va a ver es porque te quiere.

– Ustedes le hablan a una clase social media, media alta. ¿Cómo logran el registro? ¿Hay una investigación, buscan los códigos?

– EC: Eso pasa solo, me parece.

– MP: Sí, pasa solo. Lo que yo hago es una parodia de mí y de mis pensamientos. Cuando vos hacés un chiste tenés en la cabeza un público ideal que pensás que entiende todo lo que decís. Y después es distinto.

– EC: Me parece que es el público el que te elige. No se da al revés. No sé si se puede apuntar tan así. Y si lo hacés, me parece que el producto termina siendo algo más comercial, voy a hacer un espectáculo para tal persona, para tales parejas. Nosotros no hacemos eso. Hacemos lo que podemos.

– Malena, recién decías que vos sos una parodia de vos misma. Eso es un tanto delicado, corrés el riesgo que te trague tu propio personaje.

– MP: Sí, lo sé. Pero no me estresa. Cuando algo me parece gracioso lo hago, tal vez en un monólogo, en la radio o en una escena. Y ya. No me estresa saber quién soy yo y quién es el personaje.

– ¿Sos de anotar todo el tiempo lo que pensás?

– MP: Sí, en una libreta o en el celular.

– Con el correr de los años, con las giras, la experiencia . ¿Cambiaron la forma de pensar el humor?

EC: Yo siento que cambió la forma de pensar el humor principalmente por el hartazgo de lo que uno viene haciendo y por una cosa de decir, bueno, ya que vamos a dedicarle la vida a esto vamos a intentar hacerlo cada vez mejor. Si no, uno no evoluciona. Yo siento más esa presión que la presión de responderle a la gente. El público sí es una presión, pero para renovarme.

– ¿Te aburrís mucho de vos mismo?

EC: Sí, cambiamos bastante los monólogos. Ahora, por ejemplo estamos grabando cada show.

MP: Ay dios, cuando te ves te querés morir. Te da una bronca.

EC: Sí. Te querés morir. ¡Morir! Uno siente que no puede ser tan imbécil.

MP: La última vez nos odiamos tanto con nosotros mismos que decidimos grabar todas las funciones.

-¿Qué es lo que peor les sale?

– EC: De todo, por ejemplo pavadas como reírme de mis chistes. Por favor.

– MP: A veces uno hace una pausa o un momento mal hecho. ¡Callate boluda! O cuando gritamos mucho.

– EC: O cuando hacemos tantas funciones que nos automatizamos y no explicamos bien lo que queremos decir.

– MP: A veces parece que no tiene sentido lo que estamos diciendo.

– EC: O que das por sentado el desarrollo, pá, pá y vas al remate. No. Pará un poco, explicalo bien.

Sobre el escenario, a los dos se les nota la influencia de la televisión en la forma de ensamblar los monólogos, en la construcción de las imágenes y en los tiempos; el juego de preparar la situación, incrustar algunas reflexiones y ajusticiar el final con una línea que te parte de la risa. Varios chistes cortos, crear un clima, una historia y zaz: cachetada, bien arriba. Muy de sitcom. Malena asiente con la cabeza. “Es verdad. Yo miré televisión toda mi adolescencia”. Ezequiel igual: “Me crié con la tele. Veranos enteros viendo televisión. Dios”. Malena aclara: “Mirando tele de otros países, no miraba Gasoleros. Me pasaba cinco horas por día mirando Sony”. Y se ríe y se acomoda el pelo, se lo ata debajo de la nuca. El canal Sony evidentemente no tiene esa solemnidad que la avergüenza. Otra vez cambiamos de tema.

– ¿Cómo se hace para encontrar un tono propio?

– EC: No es una búsqueda consciente. Es hacer y hacer.

– MP: Es la forma en que vos te hacés el gracioso. Cómo contás vos las cosas de forma graciosa. Estoy de acuerdo con Ezequiel, no es que decís “Ahora voy a hablar de esta manera”. Vos hablás de esta manera. Y listo.

– ¿No se puede diseñar el tono?

– MP: Yo creo que no.

– EC: La risa del público te va editando. Te va llevando el monólogo y vas sacando y poniendo.

MP: En mi caso, por ejemplo, soy más concheta arriba del escenario que en la vida real.

EC: Hay una cosa que es interesante, saber cuánto te condiciona la risa del público.

– Es una excelente pregunta.

– EC: Sí.

– Te la robo. ¿Cuánto te condiciona la risa del público?

– EC: Estoy tratando de que cada vez me condicione menos. Porque si no, dejás de decir cosas que tenés ganas de decir. No hay que ser adicto a la risa.

– MP: Igual tiene que tener remate, si no, no hacés ese chiste.

– EC: De repente uno puede hacer un chiste sin empezar a hablar obligatoriamente del chiste en sí.

– ¿Estudian?

– EC: Ahora ya no.

La respuesta de Ezequiel Campa es concisa, dice ahora, esa palabra guarda detrás casi quince años de teatro off y personajes en tiras mainstream.

– ¿Vos Malena?

– MP: No, no, no. Yo estudié teatro de chiquita, canté alguna vez, pero nunca estudié formalmente y me puse a hacer algo.

– ¿El estándap está de moda?

– MP: Sí.

– ¿Por qué?

– EC: Por desgracia.

Risas. Se chocan las manos. Me río yo también para no quedarme afuera.

– ¿Por qué es una desgracia?

– MP: Todo lo que está de moda tiende a caer y a la grasada. Pero lo que verdaderamente está de moda son los cursos de estándap. Está de moda que una persona en una oficina diga que va a estudiar estándap.

– EC: Una cosa que conspira a favor es que montar un espectáculo de estándap es fácil a nivel producción. Eso conspira a favor en el sentido de “Vamos a hacerlo”, y conspira en contra por el mismo motivo.

Momento de la última pregunta, que no va a ser la última, siempre igual, las respuestas piden nuevas preguntas y así las entrevistas que se extienden hasta agotarse. Para bien. O para mal. Nunca se sabe. Les pido una opinión del otro. Lo mejor y lo peor de Ezequiel, según Malena. Y viceversa.

– MP: Lo mejor de Ezequiel es que su material funciona. Cosa que no sucede con otros estandaperos. Ezequiel me hace reír. Lo peor es que es actor y es solemne.

– Otra vez la solemnidad. ¿Eso le juega en contra?

– MP: (Risas). No, no. Soy yo. A mí me da vergüenza la gente solemne en general.

Otra vez se chocan las manos. Va a hablar Ezequiel. “Cuidado, esto va a ser terrible porque me odia mucho más que yo a él”, apura Malena y se mete los dedos en la boca.

EC: Lo mejor de Malena es que es muy inteligente en lo que hace. Toma decisiones inteligentes, por ejemplo con qué gente rodearse, qué cosas hacer y qué cosas no hacer. Es importante eso. Hay que ser inteligente.

– ¿Y lo peor?

EC: Lo peor es que cree que no es actriz y lo es.

Manos en el aire, se chocan, esta vez sin risas. “Antes no eras tan genial”, le dice ella. Ahora sí se ríen.

– El estandapero, creo, tiene la obligación de ser inteligente en lo que dice. Hasta me parece más obligatorio que hacerse el gracioso.

– EC: Dios te oiga. Es mejor para todos.

– MP: Obvio. Pero nosotros no lo podemos decir. Es obvio que las personas que admiramos en el estándap es porque las consideramos muy inteligentes.

– EC: Pasa eso, de verdad. Si yo me pongo a pensar, sólo me interesa escuchar a las personas que son inteligentes.

De la inteligencia a las críticas. En las redes sociales Campa y Pichot arrastran comentarios de a miles, muchos buenos, también malos, también violentos; como toda persona que se expone: los detractores y la mala leche. Malena dice que ya está curtida de ese odio. Ezequiel dice que sigue sorprendiéndose. “Ponele que sea así, que uno es un mediocre o cualquier cosa que te digan. Pero tomarte el laburo real de escribirlo, de loguearte en una página para putear, es increíble. Y lo que me jode un poco, si lo llevamos a lo ideológico, es que putear contra el poder político, el poder de los medios, es más entendible. Pero putear contra dos pibes que hacen estándap es ridículo. ¡No somos nadie!”, dice.

– Malena ¿Qué sentís cuándo ves a tantas chicas que te quieren copiar?

– MP: Al principio me ponía mal porque me daba miedo que una fuera mejor que yo.

– ¿En serio?

– MP: Lo que da bronca es la interpretación de lo que uno hace. ¿Entonces hay gente que cree que lo yo hago es esta mierda? pensás. Ahora ya no me importa, me da ternura. Igual, yo también copié a otra gente. A ver. Lo que yo hice lo hice después de ver miles de youtubers yanquis. Lo que pasa es que acá no lo había hecho nadie.

– Robaste.

– MP: Robé grosso.

Las manos de Ezequiel y Malena se encuentran en el aire una vez más.

Ahora sí, el almuerzo.

Basta de hablar.

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17.1.2014
 

Author: Stand Up Time!

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