El stand up en Córdoba

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Hoy leemos una interesante nota en el suplemento “Vos” de La Voz del Interior, sobre la actualidad del stand up en la provincia de Córdoba, Argentina.

Hace apenas un par de años, cada vez que se hablaba del stand up hecho en Córdoba era necesaria una introducción que explicara qué era “esto del stand up”: el comentario observador, la tradición anglosajona de Seinfeld y George Carlin, el monólogo de pie, la diferencia con el chiste cordobés. Actualmente, ya no hace falta el preámbulo y más que de un fenómeno, vale hablar de de una tendencia instalada. Hoy, por ejemplo, el ciclo “De Parado Stand Up Club” inicia el año con una maratón de 16 monologuistas, con siete minutos en el escenario de cada uno.

Autodidactas o formados en los varios cursos que se vienen ofreciendo en Córdoba en los últimos años, los estandaperos locales son actores, periodistas, publicistas, escritores o músicos. Y en los semilleros de los talleres, en los que muchos se forman aunque nunca se animen a subirse a un escenario, hay desde secretarias o ingenieros hasta buenos asadores. Los que forman parte del circuito profesionalizado entendieron eso de que la unión hace la risa y formaron distintas cofradías, elencos estables que se paran ante los micrófonos de bares de la ciudad en una ruta céntrica cada vez más nutrida.

Elisa Gagliano, integrante de “De parado”, adelanta que el ciclo de este año se viene con cambios. Tras la apertura maratónica de hoy, cada mes tendrá cuatro noches distintas: un “jueves pediátrico”, con un open mic (micrófono abierto) para nuevos estandaperos; un jueves de improvisación, también con invitados; y con el elenco estable dos noches, el show oficial, y un jueves “de paladar negro”, en los que el humor será más oscuro.

Para Elisa, ha crecido el panorama pero la profesionalización es un camino lento. “Estamos todos aprendiendo todavía, pero como los que empezamos primeros ya damos clases, hay también un círculo de gente nueva. Los talleres se llenan, aunque una cosa es quienes lo hacen por profesión y otra los que lo toman como algo terapéutico”, aclara. Y, nota que, a diferencia del circuito estandapero de Buenos Aires, en Córdoba aún no hay un mercado y estamos lejos de lo comercial. “Y eso es positivo, porque sigue acá siendo contracultural, tiene una identidad propia, mientras que el stand up porteño es un género ya muy lavado”, cierra.

Caramelos surtidos

La proliferación de estandaperos dio lugar, también, a monólogos especializados: humor político, costumbrista, judío, generacional. Hombres y mujeres que se enfrentan a públicos diversos para reírse de sí mismos primero (regla de oro para el stand up que se precie de tal) y, después, de otras situaciones cotidianas. Nardo Escanilla, integrante de Biólogos y uno de los que forman el colectivo“Topolino” (se presenta cada 15 días en La Fábrica y el bar L’Ecole), afirma que cada vez hay que explicar menos de qué se trata el género. “Este años hay más ciclos que nunca y en marzo arrancan todos juntos. Igual, creo que hay público para todos, porque la gente agenda los horarios, o se copa con algún humorista al que sigue, ya hay un circuito. Además, entre nosotros nos promocionamos”.

Para Gabriel Kalenberg, periodista que comenzó a hacer humor en el programa Cansados de hacerlo bien, junto a Adrián Gómez, todavía queda mucho por crecer, tanto en cantidad de comediantes como de lugares. Él coordina el ciclo “Club de comedia Córdoba”, que se presenta los viernes en el bar La Fontaine, con Emanuel Gatto, Sergio “Cherca” Prietto e invitados. “En Córdoba hay varios estilos, depende de a quién veas. En mi caso, busco un perfil de monólogo para todo público, porque al bar viene mucha gente de más de 40 años a la que si le decís ‘esto es stand up’ cree que es sólo para jóvenes, o que se quedarán afuera. Consumen stand up sin saber que se llama así. Por eso, busco un perfil lejos del estilo de Malena Pichot. Es decir, hay doble sentido y palabras fuertes, pero no tan subido de tono. Prefiero el relato de historias”, explica Kalenberg. ¿Puede un estandapero vivir de esto en Córdoba? Gabriel cree que es difícil, pero cruza los dedos: “Los shows privados ayudan a parar la olla”.

Javier Oksdath, encargado de programación y del bar de Estación Güemes, un espacio que, fuera del circuito de centros culturales y teatrales, se instaló como epicentro estandapero, afirma que todo depende de la comunicación y el boca en boca. “La comunicación es un trabajo en conjunto de los grupos y del bar, para que sea redituable para todos. El año pasado funcionó bien así. A veces es un éxito, otras veces hay más o menos gente. Pero nos mantenemos en pie”, aclara. Y confirma que este año habrá al menos dos ciclos de monólogos, los jueves y los domingos.

Por su parte, Emanuel Rodríguez, periodista, también está al frente de dos ciclos, junto a Max Delupi. Uno que es ya una cita fija de los domingos, “Bella Vista Antisocial Club”, que presenta a humoristas varios en Cocina de Culturas; y se suma ahora una nueva esquina, una de las más tradicionales del barrio de Güemes, en La Casa de Pepino, con “Avanti con la lengua”, un ciclo de “humor político, humor filosófico, humor odontológico… humor para todos y todas desde una perspectiva humanista algo gelatinosa troska pero peruca y ligeramente gasificada. Un show para toda la familia”, según adelanta. Lo particular del ciclo es que la entrada es la donación de un libro, que luego serán donados a las bibliotecas populares de Córdoba.

“Una encuesta reciente demostró que en promedio el mayor temor de las personas es hablar en público. De alguna manera, ranquea incluso más arriba que el miedo a la muerte, tercero en lista. O sea, me están diciendo que en un funeral la mayoría de la gente preferiría ser el tipo en el cajón que ser el que se para y da el discurso de despedida”. La frase es de Jerome Allen Seinfeld, santo patrono de los estandaperos. Lo cierto es que en estos pagos, cada vez hay más personas lejos de esa estadística. Y de jueves a domingos, en un radio de unas pocas cuadras cercanas al centro, hay una ruta estable para verlos.

FUENTE La Voz del Interior
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