El género crece en todas partes de América Latina. Hoy, una nota de  “Latidos de Guayaquil”, donde vemos el avance del stand up en Ecuador.

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Actualmente, artistas jóvenes como Danilo Esteves, Andrés Vera, Kevin Fernández, Pedro Ortiz Jr., Luis de Souza, Tábata Gálvez, Carolina Jaume, Gino Freire, Víctor Aráuz, algunos conocidos y otros no tanto, duchos en la materia y algunos empezando, buscan ganarse el cariño del público y abrir el abanico de espectáculos de entretenimiento para el espectador al impulsar esta tendencia.

Tipos de comediantes y las partes del stand up

Andrés Vera tiene 31 años y es gerente de producción de televisión en un canal regional. Se considera comediante profesional, pero por hobby, pues aunque no necesita vivir de la comedia dice que es algo que disfruta hacer. “Mi primera presentación de stand up comedy la hice en la sala de mi casa, frente a mis amigos y durante uno de mis cumpleaños”, comentó Vera y añade que ver al tío Joey (de la serie norteamericana de los 90 Full House) haciendo stand up fue su inspiración de pequeño. “Subí algunos videos de mis rutinas a YouTube, a la gente le gustó y así fue como empecé a presentarme en bares, solo y luego con amigos”, señaló.

También opina que el humorista es quien decide qué rutina desarrollar y esta dependerá del tipo de comediante que sea. Él diferencia a dos: el observacional y el anecdótico o experimental. El primero se basa en situaciones que observa en las demás personas y el segundo cuenta sus propias historias.

Andrés define las partes de un stand up y las clasifica como inside, o lo que considera que es una experiencia que todos los seres humanos hemos compartido alguna vez, pero que no lo decimos abiertamente en voz alta; el set up, cuando se plantea el chiste; y el ponch line, que es la frase o chiste final, con lo que se cierra el acto. “El comediante debe saber cuál es el mejor chiste, porque es con ese con el que se debe terminar”, afirmó.

Nada es improvisado a la hora de improvisar

Danilo Esteves, actor guayaquileño de 35 años, dice que para él no ha sido fácil hacer este tipo de comedia, pues pararse frente al público no es lo mismo que hacer televisión, pero dice que es divertido salir al escenario, exponer sus ideas y hacer que la gente lo disfrute.

Su inspiración para escribir se basa en vivencias cotidianas o experiencias, como el viejólogo del amor, un tema que trata de lo que es el amor y lo que fue, cómo era antes conquistar a una mujer y cómo es ahora, las rupturas, el primer amor, etc.

El huevólogo, por ejemplo, es un monólogo que nació de la pregunta de cómo sería si los seres humanos nacieran de un huevo, como los pollos; el cual le vino a la mente en una noche en la que no podía dormir.

También dice que en cada presentación nada es improvisado, todo lo ensaya y lo coordina; y, si improvisa, lo hace según el libreto inicial. “La gente se da cuenta cuando me pego algún ‘raye’ en ese momento, pero chévere, porque mientras me divierto y ellos se divierten, está bien”, dice Esteves porque comenta que la energía que le transmite el público es muy importante para hacer un buen show.

Kevin Fernández de 34 años tiene una agencia de publicidad y, al igual que Andrés, se dedica a hacer comedia por diversión. Su primera presentación la hizo en un bar de la ciudadela Alborada llamado Kitaro y lo presentó Pedro Ortiz Jr. En esa ocasión actuó frente a sus amigos y representó ‘Los monólogos de mi pene’. Gracias a esa experiencia dice que descubrió los chistes que servían y los que no.

Posteriormente, con un poco más de experiencia, hizo un show junto a Danilo Esteves y Andrés Vera en el teatro Fedenador, en el que llenaron seis funciones.

Fernández descubrió que tenía habilidades para la comedia desde que estaba en el colegio. En el colegio Espíritu Santo formó el teatro Jua Jua, que empezó a funcionar para sus compañeros de clase. También dice que para ser comediante se necesita dejar a un lado el temor de hacer el ridículo en público.

Menciona que esta tendencia va en aumento y aunque las ganas de hacer comedia son muchas, los actores no cuentan con suficientes lugares donde presentarse, por lo que cada uno se las ingenia para adueñarse del escenario de algún bar de la ciudad para promocionar su talento. Este es el caso de Tábata Gálvez, actriz guayaquileña más conocida por su papel de la Mujer Vaca en la serie cómica de televisión ‘Solteros sin compromiso’, que se transmitió varios años por TC Televisión.

Ella se presenta en Shumare Bar, que está ubicado en Boyacá entre Luque y Aguirre, del cual uno de sus socios es Tomás Delgado, más conocido como La Vecina.

Para Tábata, hacer comedia es más que un trabajo: es una forma de olvidarse de los problemas, de divertirse, de ser ella misma; dice que nunca escribe sus monólogos, que los interpreta de acuerdo a sus experiencias. “Hay que reírse de la vida, antes de que la vida se ría de mí. Despojarse del estrés es como una terapia; reír, sin duda, es lo primordial”, añade Gálvez, a la vez que expresa que disfruta del público aunque no lo ve, porque asegura (mientras se ríe) que es “un poco ciega” y que es mejor así porque la pone nerviosa.

Gálvez formó parte de ‘Monologueros’, un show que se presentó el 15 y 16 de febrero en la Sala Experimental del Teatro Centro de Arte de Guayaquil, bajo la dirección y producción de Francisco Pinoargotti, donde se evidenciaron talentos nuevos en stand up comedy. Las siguientes funciones están planificadas para el 2 y 3 de marzo.

Tras camerinos

Pedro Ortiz Jr. fue uno de los ‘Monologueros’. Él es parte del grupo de creativos de la productora ShowMaster de Pinoargotti y trabajó con él en la elaboración de los libretos para ese espectáculo. A su criterio, por primera vez en Ecuador se está haciendo cultura de stand up, actividad en la que él lleva seis años. A Ortiz le gusta mucho el ambiente de los camerinos y señala que “hacer humor es un negocio serio”, mientras muestra una camiseta que dice “Subí de peso pregúntenme cómo”, pues para él su sobrepeso es el mejor aliado para hacer bromas sobre los gorditos y así llevarse los aplausos de su audiencia.

Víctor Aráuz, comediante de 28 años, cuenta que ha trabajado en cine y televisión antes de dedicarse al stand up; sobre esto último dice que es chévere, pero un poco estresante porque cuando tienen que elegir un vestuario para presentarlo como él, a veces dicen “’¿qué ropa le ponemos para que se vista como Víctor?’, porque si no tendría que presentarme en pantaloneta y zapatillas, como soy”.

Sentado y con el libreto en mano está Gino Freire, quien le pone música a su intervención. Dice que no tiene problemas en aprenderse su parte, pero que se ayuda muchas veces con un apuntador, pues si recuerda la primera línea de la canción, el resto se le hace más fácil.

Luis de Souza es yapingacho y asegura que su seudónimo lo escogió porque su humor es igual a ese plato típico del Ecuador. “El ecuatoriano está completamente loco: come llapingacho; este plato tiene arroz, papa, maní, huevo, chorizo… ¡es una bomba atómica! Nadie debería comer eso, pero el ecuatoriano común se lo come. Así es mi humor, una bomba atómica… como el llapingacho: no está bien, pero a la gente le gusta”, señala De Souza.

Se define como un cómico observacional y el escritor más sucio que existe, ya que dice tener pésima ortografía y sintaxis (en efecto él se presenta como yapingacho, con y no con ll) aunque esto no le ha dado ningún problema a la hora de interpretar sus monólogos. Siente terror cuando está frente al público y como está acostumbrado a los bares, presentarse en teatro fue todo un reto.

La última en presentarse durante ‘Monologueros’ fue Carolina Jaume, quien comentó que antes de salir al escenario busca concentrarse tanto que por lo general no habla con nadie. A ella le ha costado actuar sola en escena, pero lo que le gusta de hacer monólogos es poder burlarse de sí misma y de lo que la prensa inventa de ella, y aclara que para eso hay que tener valor.

Para el director del evento, Francisco Pinoargotti, la intención de juntar a los ‘Monologueros’ fue hacer un semillero de artistas para este género. “Son únicos y muy talentosos”, afirma sobre sus dirigidos, quienes presentaron un show de dos horas, teniendo un tiempo de exposición que iba desde diez a quince minutos para cada uno; y también expandir el stand up comedy un poco más en el país. “Cada monologuero presenta algo diferente y todos tienen su trayectoria”.

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22.3.2013
 

Author: Stand Up Time!

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