Por Adolfo Tamini.

Chris Bucholz, comediante, columnista y bloguero norteamericano, nos advierte de los peligros de hacer chistes sobre temas “sensibles”. Por momentos, estos consejos saben a prohibiciones, cosa que, en lo personal, no me parece apropiado. La comedia, como tantos otros campos de arte, tiene el deber sagrado de derribar tabúes, y considero que todo comediante debería atenerse al credo de que se puede encontrar la veta humorística a CUALQUIER tema, mientras sea con inteligencia y tacto. Dicho esto, los siguientes consejos pueden ayudar al comediante a considerar con cuidado la manera de incursionar en determinados territorios.

Sin más presentaciones, Cracked.com y Chris Bucholz nos presentan 4 consejos sobre chistes que no se deberían hacer (sin el debido cuidado).

#4 – No le pegues al que está abajo.

Mi punto de partida fue el concepto de “no le pegues al que está abajo”. Esta frase fue utilizada por varios comediantes para describir el principio de que no deberías hacer chistes sobre gente más débil que vos y que no pueden defenderse. Aunque creo que esta regla tiene algunos defectos, es en general buena para la vida; si alguna vez te encontrás queriendo fajar a alguien más débil que vos, es probable que en algún punto hayas tomado el camino equivocado.

Este pequeño trozo de sabiduría comúnmente se aplica en dos sentidos; primero, que no deberíamos burlarnos de personas sustancialmente menos famosas y poderosas que nosotros. Si sos un comediante famoso, no te vales de tu plataforma para pelearte con un pobre pibe que recién empieza. La segunda manera de utilizar este consejo es que no deberíamos hacer chistes o usar términos derogatorios en lo que respecta a grupos que tradicionalmente fueron victimizados, como gente con dificultades mentales, gays o transgéneros.

Lo cual es fantástico, es un excelente consejo para la vida. Pero no sé si el concepto de “no le pegues al que está abajo” cubre el problema adecuadamente.

Yo pienso que “no le pegues al que está abajo” falla a la hora de considerar un gran número de chistes muy graciosos y muy exitosos sobre gente más débil que el que lo estaba contando. Los comediantes de Stand Up vienen riéndose de sus ex parejas desde hace décadas, un grupo de gente que en general no pueden defenderse. Empleados de salario mínimo como mozos o empleados de un local también son, frecuentemente, el centro de un chiste si resultan atender de forma levemente imperfecta a algún comediante que busca ensanchar un poco su material.

Entonces si esto no resolvió el problema, si al final SÍ podemos pegarle al de debajo de cuando en cuando, ¿cuáles son las reglas reales?

#3 – No te burles de una persona real (que inspire empatía)

Creo que la primer pauta a tener en cuenta es tener una idea de con quienes van a conectar empáticamente tu público antes de comenzar a burlarte de alguien. Esa es, en parte, la razón por la cual los comediantes se sienten seguros de hacer chistes sobre exes; incluso sin saber quiénes son, les adjudicamos mentalmente toda la mala voluntad que le profesamos a nuestros propios exes.

De esto podemos deducir que hacer un chiste sobre una celebridad poco querida es bastante seguro, particularmente si sufrió algún inconveniente. Si a Donald Trump se le atascara la corbata en una trituradora de papel mientras lo pasan por la tele, sería una veta humorística graciosísima, y sería irresponsable de tu parte NO hacer un chiste al respecto.

Pero si esa celebridad poco querida sufre un inconveniente en serio, de pronto el público es más empático, y ahí tenés que andar con cuidado. Durante la mayor parte de su vida adulta, Michael Jackson fue el blanco de aproximadamente 12 trillones de chistes al día, por una variedad de razones muy válidas. Pero eso se detuvo abruptamente cuando tuvo la mala suerte de morirse, instante en el cual todos acordaron hablar solamente de sus logros más memorables.

Se aplica el mismo principio, obviamente, si, debido a alguna falla absurda de tus químicos cerebrales, decidís empezar a burlarle de las víctimas de algún crimen o desastre. Se trata de personas reales sufriendo dolor real, y un enorme porcentaje de tu audiencia va a sentir pena por ellas.

#2 – No te burles de una persona ficcional (que inspire empatía)

Ok, pero ¿y los personajes ficticios? Si la persona a la que estamos burlando no existe, estamos bien, ¿no?

No, ni siquiera en este caso. Como sugerí más arriba, la gente puede conectarse empáticamente con personajes ficticios, tratándolos como representaciones de personas que conocen en la vida real. Si contás un chiste sobre abuso infantil, por ejemplo, y no tomás ciertas precauciones, vas a salir mal parado.

¿Qué precauciones? Bueno, como escritor del chiste, vos creas a esa persona ficticia, y hay un par de cositas que podes retocar en el personaje que hace más permisible burlarte de él.

Lo digo por experiencia; yo hice chistes sobre abuso infantil y animal y me salí con la mía. ¿Cómo lo hice? En esos casos hice que la víctima inspirara menos empatía, obviando muchos detalles. Los chicos y animales fueron descriptos muy generalmente, sin nombres ni datos específicos. No incluí detalles sobre las heridas y el sufrimiento que padecieron. Las cualidades amables que poseen los niños y animales no fueron mencionadas en absoluto, y los defectos fueron discutidos con profundidad. Todo esto hecho con una intención deliberada en un intento de formar una caricatura de un chico o animal en la mente del lector, una caricatura que no sería tan terrible ver como la castigan un poco.

#1 – No te burles de una persona supuesta (que inspire empatía)

Ok, pero ¿si hago un chiste que no tiene victima en absoluto? Ahí no puede pasar nada, ¿no?

No, ni siquiera en este caso. Porque si haces un chiste o mencionas un tema que tan solo suponga la existencia de una víctima que pueda inspirar empatía en tu audiencia, vas a tener problemas.

Temas que suponen poderosamente la existencia de una víctima se conocen como “disparadores” debido a como disparan reacciones fuertes e inevitables en algunas personas. Ataques sexuales es probablemente el disparador más conocido; tanto que nadie debería jamás tropezar con él, excepto que, (¡oh no!) lo hacen todo el tiempo. Con solo mencionar una violación, un espectador que haya sufrido una experiencia similar la revive inmediatamente, y puede hacer que otros visualicen a una víctima de una violación que querrán defender con garras y dientes. Y sin importar la intención de tu chiste o cualquier declaración anti violación que creíste que estabas haciendo, van a enfurecerse con vos por atreverte a encontrar una vuelta humorística al tema.

Otros gatillos conocidos incluyen el suicidio, las enfermedades psíquicas y discapacidades mentales. Quizás pienses que usaste la palabra “mogólico” de una forma irónica medio retro, como lo hacías cuando tenías 13 años, pero mucha gente escuchándote puede tener un amigo o familiar que haya luchado con dificultades mentales y no les va a gustar que uses su condición como un insulto. La vida ya es suficientemente dura para esta gente sin agresiones por parte de estúpidos.

Después está la pregunta tramposa de si se puede hacer cualquier chiste sobre estos temas, incluso para un público que no se “dispare”. Si te reunís con tres amigos que no tienen ninguna conexión con el Holocausto, por ejemplo, y hacen algunos chistes al respecto en privado sin ofender a nadie, ¿eso también está mal? Ni si quiera chistes pro-Holocausto, solo algunos chistes de humor negro inofensivo. ¿O es que hablar del Holocausto (o violaciones, etc.) con cualquier otro enfoque que no sea la reflexión centrada y seria de alguna manera lo disminuye en nuestra mente y arruina nuestra capacidad para considerar apropiadamente (y conversar sobre) estos horrores? Que se yo. ¿Quizás?

¿O hay efectos sanadores y catárticos en contar chistes así? Los supuestos “efectos catárticos” son, muy a menudo, utilizados como escudos por comediantes horribles para defender chistes horribles, pero sospecho que hay algo de mérito en ese principio general. Aún así, no lo sé. ¿Quizás?

Sea como sea que se resuelvan estos asuntos, creo haberles dado al menos un par de razones para no hacer chistes del Holocausto o violaciones en el escenario. Y considerando la gran variedad de temas sobre los cuales se puede hacer chistes sin peligro ninguno, esto no debería limitarte demasiado.

10.3.2014
 

Author: Adolfo Tamini

Oriundo de Buenos Aires, estudió stand up con Verónica Lorca. Hizo el profesorado de filosofía y lo dejó para dedicarse a la comedia. Actualmente vive en Villa Crespo y se presenta en el Paseo la Plaza.

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